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Interpretación crítica de La casa de Bernarda Alba

“Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo”, pronunció el poeta y dramaturgo de la Generación del 27, afeando el chabacano teatro que adormecía a toda una nación. Sin duda, Lorca impulsó una profunda renovación de la escena española.  Consideró el de Fuente Vaqueros que el teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la construcción de un país; de ahí la creación de La Barraca, compañía universitaria que acercó la cultura a un pueblo condenado por la pobreza y la ignorancia. En 1936, antes de ser fusilado, afirmó simbólicamente que su teatro de risa y llanto terminaría siendo un teatro de carne y hueso. La dramaturgia lorquiana gira en torno a un tema que, al igual que en su poesía, es la frustración del individuo, abarcando el mito del deseo imposible, así como el conflicto entre el deseo y la realidad y la violenta rivalidad que se da entre el principio de autoridad y el de la libertad.
                                                                                                                          

La cima de la obra dramática, tras Bodas de sangre y Yerma, llega con La casa de Bernarda Alba, un drama que Lorca no verá representado, al ser vilmente asesinado al comienzo de la incivil Guerra. Nos encontramos ante una obra a modo de documental fotográfico, al mostrarnos la realidad a través de secuencias que reflejan la hipócrita y convencional sociedad española de los años 30, que ahogaba el ansia de libertad personal. Lorca presenta con gran ingenio el contraste entre una moral autoritaria y rígida y el anhelo de libertad y la irrefrenable pasión amorosa.

El enfrentamiento entre el autoritarismo de la vieja y tiránica viuda y el anhelo de libertad de la joven y apasionada Adela es el asunto elemental de la acción dramática, que se desarrolla en una atmósfera trágica, donde el autor censura la hipocresía de los personajes a través de la angustiosa oposición entre el conservador y rancio modo de vida de la sátrapa y el que proclama la libertad del individuo. Bernarda impone su rígida autoridad frente a la rebelión de Adela y María Josefa y la resignación del resto.

El amor sensual aparece en el drama lorquiano, representado por la ausencia del amor y el temor atormentador de las hijas a ser solteras. Pepe el Romano desatará el conflicto pasional al relacionarse en secreto con Adela. La hipocresía y la falsa apariencia son motivos que son visibles en la preocupación por el qué dirán. Otros temas que surgen en el drama son la injusticia social, la marginación social de la mujer, el odio y la envidia y la honra, vinculada a la falsa apariencia de los personajes.

Esta obra, cuyo subtítulo es Drama de las mujeres en los pueblos de España, destaca por la poetización de la realidad, al emplear numerosos recursos líricos, que hallamos junto a coloquialismos. Al igual que sucede con el gran simbolismo poético, observables en el tratamiento de los colores o en la degradación que la tonalidad sufre a medida que avanza la obra.

Lorca realiza con este drama una profunda crítica de la marginación y la represión que sufren las mujeres. Para reflejarlo, enfrenta dos modelos de comportamiento, el de la moral relajada, a la que responden la prostituta  o la hija de la mujer que mató a su hijo, y otro basado en la falsa apariencia, del que participa de modo muy activo Bernarda y su entorno familiar. El segundo modelo es el de las mujeres que son discriminadas en beneficio del hombre. 

 Nota: se ha de tener en cuenta el imprescindible estudio monográfico que en el aula se realiza de este drama.

Víctor Velasco
Profesor de Lengua Castellana y Literatura




Cobardía o subversión
Interpretación de la muerte de Adela en comparación con el suicidio de Melibea.