domingo, 22 de noviembre de 2015

Interpretación crítica de La casa de Bernarda Alba

“Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo”, pronunció el poeta y dramaturgo de la Generación del 27, afeando el chabacano teatro que adormecía a toda una nación. Sin duda, Lorca impulsó una profunda renovación de la escena española.  Consideró el de Fuente Vaqueros que el teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la construcción de un país; de ahí la creación de La Barraca, compañía universitaria que acercó la cultura a un pueblo condenado por la pobreza y la ignorancia. En 1936, antes de ser fusilado, afirmó simbólicamente que su teatro de risa y llanto terminaría siendo un teatro de carne y hueso. La dramaturgia lorquiana gira en torno a un tema que, al igual que en su poesía, es la frustración del individuo, abarcando el mito del deseo imposible, así como el conflicto entre el deseo y la realidad y la violenta rivalidad que se da entre el principio de autoridad y el de la libertad.
                                                                                                                          

La cima de la obra dramática, tras Bodas de sangre y Yerma, llega con La casa de Bernarda Alba, un drama que Lorca no verá representado, al ser vilmente asesinado al comienzo de la incivil Guerra. Nos encontramos ante una obra a modo de documental fotográfico, al mostrarnos la realidad a través de secuencias que reflejan la hipócrita y convencional sociedad española de los años 30, que ahogaba el ansia de libertad personal. Lorca presenta con gran ingenio el contraste entre una moral autoritaria y rígida y el anhelo de libertad y la irrefrenable pasión amorosa.

El enfrentamiento entre el autoritarismo de la vieja y tiránica viuda y el anhelo de libertad de la joven y apasionada Adela es el asunto elemental de la acción dramática, que se desarrolla en una atmósfera trágica, donde el autor censura la hipocresía de los personajes a través de la angustiosa oposición entre el conservador y rancio modo de vida de la sátrapa y el que proclama la libertad del individuo. Bernarda impone su rígida autoridad frente a la rebelión de Adela y María Josefa y la resignación del resto.

El amor sensual aparece en el drama lorquiano, representado por la ausencia del amor y el temor atormentador de las hijas a ser solteras. Pepe el Romano desatará el conflicto pasional al relacionarse en secreto con Adela. La hipocresía y la falsa apariencia son motivos que son visibles en la preocupación por el qué dirán. Otros temas que surgen en el drama son la injusticia social, la marginación social de la mujer, el odio y la envidia y la honra, vinculada a la falsa apariencia de los personajes.

Esta obra, cuyo subtítulo es Drama de las mujeres en los pueblos de España, destaca por la poetización de la realidad, al emplear numerosos recursos líricos, que hallamos junto a coloquialismos. Al igual que sucede con el gran simbolismo poético, observables en el tratamiento de los colores o en la degradación que la tonalidad sufre a medida que avanza la obra.

Lorca realiza con este drama una profunda crítica de la marginación y la represión que sufren las mujeres. Para reflejarlo, enfrenta dos modelos de comportamiento, el de la moral relajada, a la que responden la prostituta  o la hija de la mujer que mató a su hijo, y otro basado en la falsa apariencia, del que participa de modo muy activo Bernarda y su entorno familiar. El segundo modelo es el de las mujeres que son discriminadas en beneficio del hombre. 

 Nota: se ha de tener en cuenta el imprescindible estudio monográfico que en el aula se realiza de este drama.

Víctor Velasco
Profesor de Lengua Castellana y Literatura



Cobardía o subversión
Interpretación de la muerte de Adela en comparación con el suicidio de Melibea. 










sábado, 7 de noviembre de 2015

LA LENGUA MADRE, de Juan José Millás

Hace dos años los alumnos de 2 º de Bachillerato presenciaron la representación de La lengua madre, obra del célebre e incisivo escritor Juan José Millás, interpretada por el actor Juan Diego.

Tras dos exitosas temporadas sobre las tablas, vuelve ahora a los Teatros Luchana, a los que acudiremos el próximo miércoles 18 de noviembre, a las 20 horas, los alumnos de 1 º y 2 º de Bachillerato.

Un monólogo que, sin duda, sorprende al espectador por la sublime interpretación del reconocido actor y por toda la carga crítica que el maestro Millás realiza a través del texto, interpretado por quien representó al señorito Iván en Los Santos Inocentes, de Miguel Delibes. 


Los alumnos no se quedarán indiferentes con el mensaje que nos transmite la obra, que no es otro sino el de hacernos ver crítica y hábilmente cómo se deforma y se manipula la palabra para servir a oscuros intereses del poder.






viernes, 18 de septiembre de 2015

LA PIEDRA OSCURA, en el Teatro María Guerrero


El próximo 6 de octubre los alumnos de 2 º de Bachillerato asistirán, en el Teatro María Guerrero, a la representación dramática de La piedra oscura, de Alberto Conejero; una tensa y brillante pieza que rinde un emotivo homenaje a Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y compañero de García Lorca.

Con esta obra, que vuelve al Centro Dramático Nacional, tras agotar de nuevo todas las entradas, inauguramos, desde el Departamento de Lengua Castellana y Literatura de Fuentelarreyna, las actividades conmemorativas del 80 º aniversario del asesinato de Federico García Lorca, que se prolongarán hasta finales de 2016.

Víctor Velasco 

Una habitación de un hospital militar cerca de Santander; dos hombres que no se conocen y que están obligados a compartir las horas terribles de una cuenta atrás que quizá termine con la muerte de uno de ellos al amanecer. Un secreto envuelto en remordimientos y un nombre que resuena en las paredes de la habitación: Federico. Queda tan sólo la custodia de unos documentos y manuscritos como último gesto de amor. Inspirada en la vida de Rafael Rodríguez Rapún (estudiante de Ingeniería de Minas, secretario de la Barraca y compañero de Federico García Lorca en los últimos años de sus vidas), La piedra oscura es una vibrante pieza sobre la memoria como espacio de justicia y también sobre la necesidad de redención. Un texto en el que se aúnan tensión dramática y pulso poético para levantar interrogantes sobre la naturalización de nuestro pasado más reciente y el destino de los olvidados en las cunetas de la Historia.

"El desarrollo del diálogo entre los dos únicos personajes de la obra está orquestado con maestría, con una inmensa ternura contenida, y muy pocos podrán mantener los ojos secos hasta el final. […] Espero que La piedra oscura encuentre cuanto antes su lugar en los escenarios teatrales porque su mensaje es necesario en una España donde, vergonzosamente, todavía yacen en cunetas más de 100.000 víctimas del fascismo, entre ellos el desaparecido más célebre de todos, por la recuperación de cuyos restos hace votos el personaje de Rapún pocos minutos antes de desaparecer para siempre él mismo".
Ian Gibson
Encuentro con el enemigo (El País)

La obra que todo el mundo quiere ver

Cuaderno pedagógico CDN


El hombre que no desapareció tras Lorca (El Mundo)


El ojo crítico (RNE)


La luz de Federico


Al público sí que le interesa la memoria histórica

sábado, 5 de septiembre de 2015

Bienvenidos al curso 2015-2016

Bienvenidos al nuevo curso académico, en el que, desde el Departamento de Lengua Castellana y Literatura, conmemoraremos el 80 º ANIVERSARIO DEL ASESINATO DE FEDERICO GARCÍA LORCA, mediante un variado y atractivo programa de actividades, tal y como ya se realizó con notable éxito y de modo sublime por parte de los alumnos de 2 º de Bachillerato hace dos años al recordar la muerte en el exilio de Antonio Machado en su 75 º aniversario.

Todo ello sin olvidarnos de Giner de los Ríos, fallecido hace 100 años, ni de Miguel de Cervantes, cuya muerte acaeció hace 400 años.


sábado, 6 de junio de 2015

Lorca y Granada en los Jardines del Generalife


El programa Lorca y Granada en los Jardines del Generalife nació en 2002 con el objetivo de crear un gran espectáculo cultural para las noches del verano granadino.
La figura de Federico García Lorca y el conocimiento que universalmente se tiene de su obra, unidos al poder evocador del flamenco, han devenido 13 años después de la creación del ciclo, en una fórmula perfecta que partiendo de nuestros autores y de nuestras más antiguas raíces culturales son una brillante expresión del potencial cultural de Andalucía.
Los recintos monumentales de la Alhambra y el Generalife, han posibilitado al público deLorca y Granada en los Jardines del Generalife convertirse en sujeto de una experiencia cultural y artística única.
La edición 2015 estará protagonizada por el espectáculo del bailaor granadino Rafael Amargo, su premiado, POETA EN NUEVA YORK, que ha viajado por todo el mundo y que fusiona lo más tradicional del baile flamenco con tendencias contemporáneas, tanto en la coreografía como en la música, en la que conviven jazz y ritmos latinos.
Poeta en Nueva York incluye poemas del libro homónimo de García Lorca recitados por los actores Joan Crosas, Marisa Paredes y Cayetana Guillén Cuervo. Se celebrará, con 31 funciones al aire libre en los Jardines del Generalife, desde el 20 de julio hasta el 29 de agosto, en funciones de martes a sábado, y presenta, como novedad, una entrada combinada que incluye la visita al Palacio y Jardines del Generalife y el ticket para el espectáculo.

Antonio Gades, Mario Maya, José Antonio, Pepa Gamboa, Blanca Li, Cristina Hoyos, José Carlos Plaza, Eva Yerbabuena, Rubén Olmo, ‘La Moneta’, Manuel Liñán y Rafaela Carrasco han firmado las creaciones presentadas en pasadas ediciones del ciclo ‘Lorca y Granada’.



martes, 28 de abril de 2015

En silencio (Juan Ignacio Rodríguez)

Indiferencia, pasividad, inacción,
símbolos de nuestra nación, del mundo entero.
Crudo mutismo como dogma,
y cabeza agachada, mirando al suelo.
No hay pasión, no hay esmero,
solo víboras buscando el medro.
Callar es más sencillo, qué remedio,
que otros defiendan la libertad del asedio.
Han grapado nuestras bocas
y racionan la crítica en pequeñas gotas.
Ya no somos personas,
ni siquiera humanos,
somos entes vacuos,
con armatostes en las manos.
Un ejército de autómatas,
psicópatas consumados desde el nacimiento.
Viperinos cachos de carnaza,
que sumergen a la sociedad en el cieno.
No hacen falta armas ni palabras,
para provocar la caída del mundo entero.
Pues cuando la injusticia aparece,
todos quedamos en silencio.

Juan Ignacio Rodríguez
2 º de Bachillerato

domingo, 19 de abril de 2015

La lectura y la libertad



EL LIBRO

En el tronco de un haya una pareja de enamorados ha grabado un corazón traspasado por una flecha. Inés y Luis son sus nombres inscritos en la corteza plateada a punta de navaja. Fue hace muchos años. El árbol era todavía joven cuando la pareja de enamorados pasó por aquí. El tronco, ya muerto, al crecer ha ensanchado y corroído los trazos. Un experto en botánica podría descubrir el tiempo exacto que ha pasado, aunque en este caso no es necesario, puesto que debajo del corazón herido hay una fecha. 23 de abril de 1968. Al pie de este árbol discurre un río apacible cuyas aguas, como la vida, puede que se hayan llevado al mar o a la tumba la memoria de estos amantes. Pero lo escrito, escrito está. Etimológicamente el vocablo libro se deriva del latín liber, que significa la capa fibrosa que hay debajo de la corteza de ciertos árboles. Plinio el Viejo cuenta que los romanos escribían sobre estas cortezas antes de que se descubriera el papiro. Libro y libre tienen en latín la misma raíz. Lectura y libertad son pasiones que siempre acaban por encontrarse. El Día del Libro fue instituido en recuerdo del aniversario de la muerte de Cervantes cuando los vientos saludables anunciaban que la República estaba al llegar. Tampoco 1968 fue un mal año. Tal vez aquella pareja de enamorados, Inés y Luis, hijos del Mayo francés, habían estrenado los primeros vaqueros y habían puesto el dedo en el arcén para viajar en autostop a París con un libro de poemas de Dylan Thomas en la mochila. O tal vez nada. Puede que no fueran conscientes del significado del 23 de abril, pero al grabar sobre el tronco del haya un corazón, una fecha y sus nombres habían regresado sin saberlo al origen del libro, que radica en la corteza de los árboles, donde los antiguos griegos y romanos escribieron los primeros pensamientos y las primeras palabras de amor.

 Manuel Vicent, El libro. El País, 19-IV-2015


martes, 7 de abril de 2015

Tema XII. La novela desde 1975 a finales del siglo XX

En los últimos años de la década de los setenta, acontecen profundos cambios que marcan el desarrollo de la reciente historia de nuestro país. La muerte de Franco y de su régimen y la transición a la democracia trajeron consigo el restablecimiento de la libertad, la vuelta de los exiliados, la legalización de los partidos y sindicatos, la aprobación de una nueva Constitución y la llegada al poder del PSOE en 1982 y, con éste, la modernización social y económica de España y la definitiva y anhelada apertura a Europa y al mundo. Todo ello repercute positivamente en la creación literaria, alejada ya de las ataduras de la censura. Junto a los cambios políticos, surgen los sociales. La visión del mundo se hace más escéptica y se tiende a un mayor individualismo, el consumo y el hedonismo.

La producción novelística se intensifica, dejando de responder a rasgos comunes y surgiendo una gran variedad de modelos y temáticas. No obstante, observamos características frecuentes: vuelve el interés por la historia y se retorna a la subjetividad; el relato adquiere un argumento trabado y lógico, centrado en la narración lineal de los hechos; los temas se ciñen a los problemas individuales; y la trama se impregna de intriga en aras del deleite del lector.

En los ochenta conviven en España varias generaciones: la del 36, con Torrente Ballester, Cela y Delibes; la de los 50, representada por Juan y Luis Goytisolo, Juan Benet, Carmen Martín Gaite y Juan Marsé; la Generación del 68, con Vázquez Montalbán, Millás y Eduardo Mendoza; y, finalmente, la promoción de los 80, con autores hoy consagrados como Antonio Muñoz Molina, Julio Llamazares, Arturo Pérez Reverte, Rosa Montero y Almudena Grandes.

La coexistencia de escritores de varias generaciones y la plena libertad creadora conlleva el cultivo de un heterogéneo abanico de tendencias narrativas. Una de las que indican el camino de la modernidad es la metanovela, en la que se relata un suceso y su proceso de creación. En este ámbito, son representativos José María Merino (La orilla oscura) y Juan José Millás (El desorden de tu nombre).

Otra de las tendencias es la novela lírica, que centra el interés en el texto y la calidad formal. Aquí se sitúan Francisco Umbral (Mortal y rosa) y Julio Llamazares (La lluvia amarilla). El relato de aprendizaje cobra importancia, así como las memorias y la autobiografía. Todo ello observable en Todas las almas y Corazón tan blanco, de Javier Marías. Un lugar especial lo ocupa Los santos inocentes, de Miguel Delibes, donde se denuncia la injusticia social, el analfabetismo y la sumisión, basada en el vasallaje.

Y una de las tendencias que más contribuyó a la recuperación de la narrativa en los años 80 fue la novela histórica. Plantea el recuerdo de hechos pasados desde distintos puntos de vista: la visión imaginaria, la proyección real del pasado o el aprovechamiento de la historia con el fin de indagar en ella. Destaca Miguel Delibes, con El hereje.

El siglo XIX, por su agitada historia, es el marco preferido de muchas novelas (El maestro de esgrima, de Pérez Reverte); y también el siglo XX, sobre todo la primera mitad. Ejemplo de ello es La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza, quien combina técnicas de la novela histórica y policiaca para reflejar con realismo el clima de gran tensión social de los años 20 en Barcelona, donde se enfrentaba el anarquismo obrero con el pistolerismo patronal. Asimismo, destaca por El misterio de la cripta embrujada.

En los últimos años, son frecuentes las novelas históricas contextualizadas en la Guerra Civil y la interminable posguerra, como Soldados de Salamina, de Javier Cercas; La voz dormida, de Dulce Chacón; Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez; La lengua de las mariposas, de Manuel Rivas; y Las tres bodas de Manolita, de Almudena Grandes.

En lo concerniente a la novela de intriga, es Manuel Vázquez Montalbán el autor más representativo, por sus novelas negras protagonizadas por el detective Pepe Carvalho (Asesinato en el comité central), en las que realiza una acertada crónica social y política de España. Otro de los autores consagrados en este ámbito es el académico Antonio Muñoz Molina, cuyas obras se basan en intrigantes tramas (Invierno en Lisboa y Plenilunio).

Reputados novelistas han sido hasta finales del siglo XX y en la inmediata actualidad muchos de ellos. Destacan:

José Luis Sampedro, economista y humanista, símbolo del compromiso intelectual y ciudadano, era miembro de la RAE y prestigioso ensayista. Destaca por La sonrisa etrusca y La vieja sirena.

Francisco Umbral, periodista y ensayista, destacó por la gran creatividad expresiva y una peculiar sintaxis narrativa, junto a la gran carga irónica de sus relatos. De su extensa producción, cabe citar Memorias de un niño de derechas y Las señoritas de Avignon.

Juan José Millás, escritor y columnista periodístico, es uno de los actuales referentes de la narrativa española. Como novelista, centra su interés en la psicología de los personajes y el análisis de sus emociones. Entre sus obras, destacan Papel mojado, El mundo y La mujer loca.

Javier Marías, escritor y académico, ha sido galardonado con numerosos premios internacionales. Su narrativa se inició bajo la influencia de la cultura de masas, del cine y de la novela negra. Destaca por las novelas de personajes, en la que recurre a un narrador protagonista y mezcla el relato con la reflexión. Sus principales obras son Todas las almas, Corazón tan blanco y la trilogía Tu rostro mañana.

El académico Arturo Pérez Reverte, antiguo periodista de guerra, se incorpora al mundo de la novela, centrando sus gustos formales en el dinamismo de la estructura narrativa y en la aventura y la acción. Sus relatos suelen enmarcarse en épocas históricas, de los que destaca La tabla de Flandes, La carta esférica y la serie del Capitán Alatriste.

Luis Mateo Díez resalta por la trilogía El reino de Celama y otras novelas como La fuente de la edad y Camino de perdición. Soledad Puértolas se dio a conocer con El bandido doblemente armado, novela en la se observa un estilo plagado de sencillez y melancolía, como en Todos mienten y Queda la noche.
Otros muchos autores engrosan la amplísima cosecha de los últimos tiempos. Rosa Montero, con Te trataré como a una reina; Almudena Grandes, con El corazón helado; Julio Llamazares, con El río del olvido; Manuel Vicent, con Tranvía a la Malvarrosa; y Félix de Azúa, con Demasiadas preguntas.



miércoles, 4 de marzo de 2015

Visita guiada a la Residencia de Estudiantes

En el marco de la conmemoración del centenario de la muerte de Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza y referente pedagógico e intelectual de España, y como complemento indispensable para la formación cultural y literaria de los alumnos de 2 º de Bachillerato, el próximo lunes 16 de marzo se llevará a cabo una visita guiada al complejo y los jardines de la Residencia de Estudiantes. 

El 1 de octubre de 1910 abrió sus puertas la Residencia de Estudiantes, creada por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), organismo público presidido por Ramón y Cajal; e inspirada por la Institución Libre de Enseñanza (ILE), fundada por Francisco Giner de los Ríos, ente otros catedráticos expulsados de la universidad. Bajo la dirección de Alberto Jiménez Fraud, la Residencia llegaría a convertirse, en palabras de Julio Caro Baroja, en el «primer centro cultural de España en dos decenios». Conocida por ser la casa en la que vivieron y se hicieron amigos Dalí, Lorca y Buñuel, o por ser el lugar en el que expusieron sus teorías Einstein, Curie o Le Corbusier, el éxito del proyecto de la Residencia se debió a su forma de entender la educación como un proceso integral y activo. El peculiar ambiente que caracterizó a la Residencia, el talento de sus principales protagonistas y, sobre todo, el proyecto intelectual y moral que la sustentaba lograron que entre 1910 y 1939 la Residencia fuera uno de los principales núcleos de modernización científica y educativa de España.

Tanto la Junta como la Residencia fueron inspiradas por Francisco Giner de los Ríos y sus colaboradores en la Institución Libre de Enseñanza, una organización privada que perseguía la modernización de la sociedad española a través de la educación. A partir de 1915 la Residencia se trasladó a su sede definitiva, cinco edificios entre jardines que fueron construidos siguiendo las pautas de la arquitectura funcional en la que Juan Ramón Jiménez bautizó como Colina de los Chopos. En 1933 se suma a este complejo educativo un auditorio y biblioteca.

Desde sus inicios, en la Residencia se generó un ambiente propicio al trabajo, la creatividad y la búsqueda de la excelencia, pero también a la alegría, la diversión, el ingenio y, muy especialmente, al diálogo entre las diferentes procedencias, edades y dedicaciones profesionales. Este ambiente favorecía la tolerancia y la educación integral de sus estudiantes, fortaleciendo la convivencia entre las diferentes disciplinas.

Las ciencias, el pensamiento, la música, las artes escénicas, la arquitectura, las artes plásticas y la poesía formaban parte de la vida cotidiana de la Residencia. Junto a cursos, conferencias o trabajos de laboratorio, se organizan excursiones, visitas a museos, viajes a ciudades de interés artístico o la práctica de deportes como el tenis, el fútbol, el alpinismo, el esquí, el atletismo, el rugby o el hockey , tanto en su grupo masculino como en su grupo femenino.


Maestros como Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, Menéndez Pidal, Blas Cabrera, Eugenio d’Ors y, especialmente, los que fueron residentes durante muchos años: Ángel Llorca, Ricardo de Orueta y José Moreno Villa, orientaban a los residentes en un régimen informal de tutorías, similar al de las universidades anglosajonas. Los laboratorios de la Residencia facilitaban a los estudiantes el acceso a la investigación de la mano de científicos tan destacados como Pío del Río-Hortega, Juan Negrín, Gonzalo Rodríguez Lafora o Antonio Madinaveitia. En ellos, por ejemplo, se formaron y trabajaron el futuro premio Nobel Severo Ochoa, el médico Francisco Grande Covián o los físicos Miguel Catalán y Salvador Velayos.

Aún más conocido es el núcleo de artistas que se congregó en la Residencia, aglutinado por una figura singular como José («Pepín») Bello: Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel. Su obra posterior, y la de muchos de sus contemporáneos, lleva la marca de su convivencia durante aquellos años y del ambiente de ebullición creativa que la Residencia generó.

La Residencia fue pionera en fomentar el acceso de las mujeres a los estudios superiores. En 1915 comienza su actividad el grupo femenino, bajo la dirección de María de Maeztu. Fueron residentes destacadas de la Residencia de Señoritas Victoria Kent, Josefina Carabias o la científica Felisa Martín Bravo, y formaron parte de su profesorado María Goyri, María Zambrano o Maruja Mallo. La Residencia, reconocida internacionalmente como el primer centro cultural de la España de entreguerras, organizó numerosas conferencias, conciertos y actividades de todo tipo y fue una ventana abierta a las novedades intelectuales, artísticas y científicas desarrolladas fuera de nuestras fronteras. En ella relató Howard Carter el descubrimiento de la tumba de Tutankhamon o explicó Albert Einstein la teoría de la relatividad. Del éxito del proyecto da idea el que cuatro de los siete españoles galardonados con el premio Nobel nacidos antes de 1936 estuvieron vinculados a la Residencia de Estudiantes: Cajal, Severo Ochoa, Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre.

Tras la salida al exilio de su director y la evacuación de sus últimos habitantes, en 1937 la Residencia se convierte en Hospital de Carabineros durante el resto de la contienda. En marzo de 1939 Madrid es tomado por el ejército franquista. Fuerzas de Aviación ocupan la Residencia e instalan en ella un comedor para los oficiales de tropa. Se crea el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, al que se transfieren los antiguos edificios y el patrimonio de la JAE. En los años siguientes se transformó por completo la Colina de los Chopos: el Pabellón Central y los Pabellones Gemelos de la Residencia pasaron a ser residencia de investigadores del recién creado CSIC y su Auditórium fue convertido en la iglesia del Espíritu Santo. En 1986 la Residencia inicia una nueva etapa recuperando su nombre y su tradición. Desde entonces ha vuelto a ser un lugar de encuentro y de diálogo entre las ciencias y las artes, de reflexión crítica en torno a las corrientes de pensamiento y creación de la cultura contemporánea y de debate internacional vinculado a la creatividad y la innovación.

En la actualidad, en sus rehabilitados edificios se alojan anualmente más de 3.000 investigadores y creadores procedentes de todos los países del mundo, además de un grupo de jóvenes  que disfrutan de su programa de becas; se celebran exposiciones, lecturas de poesía, conciertos, conferencias y congresos; su Centro de Documentación atesora un conjunto único de fondos, especializado en la historia intelectual del primer tercio del siglo XX español.

Hoy, la que fue y sigue siendo la casa de Dalí, Lorca y Buñuel, continúa dedicada a la creación. Al lugar donde Einstein expuso su teoría de la relatividad llegan todavía las últimas tendencias en física o en biología y, conservando su tradición innovadora, en la Residencia se oye y se crea lo más nuevo en música, en poesía... Un jardín en el centro de Madrid donde perviven las adelfas plantadas por Juan Ramón Jiménez, y donde, al mismo tiempo, se escuchan las jóvenes voces del porvenir de la cultura.

Residencia de Estudiantes




domingo, 8 de febrero de 2015

Tributo a Giner de los Ríos en el centenario de su muerte (1915-2015)

La pedagogía de la libertad
La modernización de España

«Transformad esas antiguas aulas; suprimid el estrado y la cátedra del maestro, barrera de hielo que aisla y hace imposible toda intimidad con el discípulo; suprimid el banco, la grada, el anfiteatro, símbolos perdurables de la uniformidad y del tedio. Romped esas enormes masas de alumnos, por necesidad constreñidas a oír pasivamente una lección o a alternar en un interrogatorio de memoria, cuando no a presenciar desde distancias increíbles ejercicios y manipulaciones de que apenas logran darse cuenta. Sustituid en torno del profesor a todos esos elementos clásicos por un círculo poco numeroso de escolares activos que piensan, que hablan, que discuten, que se mueven, que están vivos, en suma, y cuya fantasía se ennoblece con la idea de una colaboración en la obra del maestro. 

Vedlos excitados por su propia espontánea iniciativa, por la conciencia de sí mismos, porque sienten ya que son algo en el mundo y que no es pecado tener individualidad y ser hombres. Hacedlos medir, pesar, descomponer, crear y disipar la materia en el laboratorio; discutir, como en Grecia, los problemas fundamentales del ser y destino de las cosas; sondear el dolor en la clínica, la nebulosa en el espacio, la producción en el suelo de la tierra, la belleza y la Historia en el museo; que descifren el jeroglífico, que reduzcan a sus tipos los organismos naturales, que interpreten los textos, que inventen, que descubran, que adivinen formas doquiera... Y entonces la cátedra es un taller y el maestro un guía en el trabajo; los discípulos, una familia; el vínculo exterior se convierte en ético e interno; la pequeña sociedad y la grande respiran un mismo ambiente; la vida circula por todas partes y la enseñanza gana en fecundidad, en solidez, en atractivo, lo que pierde en pompas y en gallardas libreas.»

Discurso de inauguración del curso 1880-1881 de la ILE




Programa de la Institución Libre de Enseñanza

Los pedagogos de la ILE (Enrique Martínez-Salanova)


Nota sobre el centenario (Francisco Michavila)


El maestro de la educación interior (Francisco J. Laporta)


El valor de la regeneración educativa (Jaume Carbonell)


Giner o la buena educación (Gonzalo Capellán)


Giner: más que un maestro


Un pueblo adulto, dueño de sí mismo. Por eso entregó Giner en voz baja su alma entera. Y la expresión más cabal de esa entrega fue la Institución Libre de Enseñanza. Con ella se vino a saber entre nosotros que la implantación memorística de textos y letanías no era educar, sino a lo sumo instruir, y de mala manera. Que para aprender era necesario pensar ante las cosas mismas, activamente, tratando de descifrar su disposición y su razón de ser. Se supo también que la integridad moral no tenía nada que ver con reglamentos externos, y premios y castigos; era más bien una suerte de señorío sobre sí mismo que surgía de convicciones profundas.

viernes, 9 de enero de 2015

Un abyecto Tenorio, el de Blanca Portillo

DON JUAN TENORIO, en el Teatro Pavón.
La imagen de Tenorio me acompaña desde hace años. Nunca he podido entender cómo un personaje así se ha convertido en un mito, en un icono abanderado de la libertad y la transgresión, la representación del seductor de mujeres como valor en sí mismo…
Hoy siento la necesidad de subir al escenario a este personaje, tantas veces representado y, creo, tan pocas veces entendido. Subirle al escenario y radiografiar sus comporta-mientos, sus acciones, sus palabras, para mostrar lo que siempre he sentido que existía tras ellas: un modelo de destrucción, de falta de empatía, de crueldad, de desprecio por la vida propia y ajena, de incapacidad para construir… Más allá de la época en que Zorrilla crea el personaje y más allá del tiempo en el que el autor coloca la acción de su obra, Tenorio es un ser humano que sigue latente en el inconsciente de esta sociedad, de la nuestra.
Tenorio no es un héroe. Es alguien que huye de su propio vacío, llevándose por delante todo aquello que se cruce en su camino. No es un luchador en busca de un mundo mejor, de un cambio en el sistema, no es un buscador de belleza. Tenorio es hoy el vivo retrato del desprecio por los demás.
Vivimos en un mundo en el que ese desprecio se hace cada día más patente. Sobrevaloramos a quienes destruyen, a quienes roban, matan, o violan las leyes… En nuestro país seguimos pensando, aunque en ocasiones lo ocultemos, que esas personas son admirables, son… “los listos” y los demás unos tontos que vivimos sujetos y amordazados en el redil.
Yo creo profundamente en el respeto por los demás. En valores morales y éticos que Tenorio destruye sistemáticamente. Creo que ya va siendo hora de que alguien llame a Tenorio por su nombre.
Blanca Portillo


Don Juan 2014

CNTC

Blanca Portillo revienta el mito de Don Juan

Blanca Portillo ajusta cuentas con Don Juan Tenorio

Llamar a Don Juan por su nombre: canalla